martes, 21 de febrero de 2017

Me rindo

Así, sin más.
¿Pa qué me meto yo en fregaos si siempre acaban igual?
Así que me rindo. Ya no voy a hacer nada. Si alguien quiere hacer algo, celebrar algo, organizar algo, que lo haga y luego, si quiere, me invite, y si puedo me apuntaré. Pero siempre desde la retaguardia, nunca al frente ni en medio.
Al final, en medio es incluso peor que al frente. En medio es donde te expones a que los que quieren estar al frente tiren de ti como si fueses la cuerda del juego de la fuerza. Y acabas pasando el tiempo intentando conciliar, acordar, defender ambas partes para que, al final, acabes llorando, sintiendo que te culpan de cosas que nada tienen que ver contigo ya que tú simplemente estás allí, en medio, observando e intentando mantener la paz.
"Que si esta idea fue tuya, que si este ha dicho o no ha dicho, que si ha hecho o no ha hecho, que yo hago cuando a mí no me hicieron, que si encima que lo hago resulta que lo hago mal..." y tú a aguantar el chaparrón, con dolor de cabeza, con los ojos rojos y una sensación de cansancio, de agotamiento, de nunca acertar en lo que dices o en lo que haces, de querer meterte en la cama y no volver a salir de allí hasta que todo acabe, o mejor, no volver a salir nunca. De que el accidente que has estado a punto de tener, no se hubiese quedado solo en "a punto" porque, así, podrías olvidarte de todo hasta que ya hubiese pasado, seguramente con un gran dolor físico, pero mentalmente en paz durante unos días.
Así que sí, me rindo. Que cada cual haga lo que quiera. Que cada cual se organice como quiera. La idea era, simplemente, divertirse. Ahora mi idea es, simplemente, que pase ya el fin de semana...

lunes, 25 de enero de 2016

Tradición

Ya ha pasado otro año más. Y de nuevo me dispongo a cumplir con la tradición que yo mismo inicié. Sin embargo, cada año me resulta todo más anodino, menos natural, más impuesto. Si un año no lo hiciese, ¿qué diría? ¿Qué pensaría? Que lo he olvidado, que no me importa, que no me interesa,... Así que cumplo con mi obligación, con mi tradición autoimpuesta.  Sin embargo, también pienso,: yo cumplo con mi tradición, pero ¿qué tradición cumple él?

miércoles, 28 de octubre de 2015

Un cuarto de siglo

Veinticinco años. Un cuarto de siglo. Parece una eternidad, pero no se siente así. 
En realidad, nada ha cambiado desde ayer. Mismos sueños incumplidos, mismos objetivos a corto y largo plazo, mismas ilusiones y desilusiones, mismos miedos e inseguridades. 
Lo único que cambia es una cifra, aunque en realidad no es un año, sino un día más. Un día más que se ha sumado y al que mañana se sumará otro y otro y otro. 
¿Lo bueno? Que ete día es sólo un día, pero es tu día. Es mi día. Y me sonrío, y me ilusiono, y sueño. Abrazo a amigos. Respondo mensajes, recibo obsequios de aquellos que me quieren y quieren que sea feliz, en mi día y siempre. 
Por eso siento que un cuarto de siglo no es más que un día. 
Pero qué día. 

viernes, 31 de julio de 2015

Somnolencia

Hoy me siento igual que el día: gris. ¿Por qué? Lo cierto es que no lo sé. No tengo ningún motivo concreto para sentirme así. No me ha pasado nada, no he hecho nada que pueda provocar este estado en mi humor. O quizás... Tal vez sea ese el problema. La nada, el vacío, la somnolencia. Un fin de semana prácticamente mágico y perfecto en casi todos sus aspectos y luego una semana vulgar, simple, anodina. 
Somnolencia. Sí. La palabra define bien mi estado actual. Me sieto adormecer en un pequeño vacío insustancial en el que las horas pasan y la vida avanza pero todo me parece igual. 
Hubo un tiempo en que me gustaba regodearme en esta sensación. Hundirme en el pozo y flotar en la oscuridad y la monotonía. Pero ya no. Quiero luz, quiero brillar, quiero sentir la vida y reír y bailar. Quiero disfrutar las cosas, apasionarme a cada momento, con cada idea, con cada proyecto. 
Sin embargo hoy es un día gris. Yo misma soy una mujer gris. Hoy nada me satisface. Y ahora mismo lo único que siento es sueño y nada. 

miércoles, 22 de abril de 2015

Esfuerzo

Creo que el esfuerzo también se tiene que valorar. Pero, ¿a quién quiero engañar? El esfuerzo no le importa una mierda a nadie, lo único que interesa es el resultado. ¿El resultado es bueno? Entonces está bien; tanto si te ha costado un gran esfuerzo como si no ha supuesto ningún reto. ¿El resultado es mediocre o malo? Entonces a la picota, porque, aunque hayas hecho tu mayor esfuerzo y lo continúes haciendo día a día, no tiene ningún valor. 

viernes, 10 de abril de 2015

Suavidad

No me gusta planchar. Es una de las tareas domésticas que intento retrasar lo máximo posible y, cuando se trata de mis propias camisas, a veces ni siquiera lo hago. Me parece un poco perder el tiempo. Diez o veinte minutos para planchar algo que, a los cinco minutos de ponértelo, ya estará arrugado otra vez. Y además no es tarea fácil: encontrar el punto exacto para que la temperatura no estropee el tejido (especialmente cuando la etiqueta hace tiempo que se volvió ilegible); la forma de colocar la camisa sobre la tabla para poder hacer bien mangas, cuellos, puños y botones; y ya no hablemos de si la prenda tiene formas curvas, bordados o fruncidos.
Sin embargo debo reconocer que pocas sensaciones son tan agradables como la de ponerse una camisa recién planchada. Esa suavidad deslizándose por mis brazos, esa ligereza del tejido, ese resto de calidez que se conserva entre los hilos y que eriza un poco la piel.
Lástima que la ropa que va al armario perderá ese calor y se empezará a arrugar poco a poco, pesé a estar colgada en perchas, de modo que cuando vaya a ponérmela ya no sentiré esa sensación.