miércoles, 28 de octubre de 2015

Un cuarto de siglo

Veinticinco años. Un cuarto de siglo. Parece una eternidad, pero no se siente así. 
En realidad, nada ha cambiado desde ayer. Mismos sueños incumplidos, mismos objetivos a corto y largo plazo, mismas ilusiones y desilusiones, mismos miedos e inseguridades. 
Lo único que cambia es una cifra, aunque en realidad no es un año, sino un día más. Un día más que se ha sumado y al que mañana se sumará otro y otro y otro. 
¿Lo bueno? Que ete día es sólo un día, pero es tu día. Es mi día. Y me sonrío, y me ilusiono, y sueño. Abrazo a amigos. Respondo mensajes, recibo obsequios de aquellos que me quieren y quieren que sea feliz, en mi día y siempre. 
Por eso siento que un cuarto de siglo no es más que un día. 
Pero qué día. 

viernes, 31 de julio de 2015

Somnolencia

Hoy me siento igual que el día: gris. ¿Por qué? Lo cierto es que no lo sé. No tengo ningún motivo concreto para sentirme así. No me ha pasado nada, no he hecho nada que pueda provocar este estado en mi humor. O quizás... Tal vez sea ese el problema. La nada, el vacío, la somnolencia. Un fin de semana prácticamente mágico y perfecto en casi todos sus aspectos y luego una semana vulgar, simple, anodina. 
Somnolencia. Sí. La palabra define bien mi estado actual. Me sieto adormecer en un pequeño vacío insustancial en el que las horas pasan y la vida avanza pero todo me parece igual. 
Hubo un tiempo en que me gustaba regodearme en esta sensación. Hundirme en el pozo y flotar en la oscuridad y la monotonía. Pero ya no. Quiero luz, quiero brillar, quiero sentir la vida y reír y bailar. Quiero disfrutar las cosas, apasionarme a cada momento, con cada idea, con cada proyecto. 
Sin embargo hoy es un día gris. Yo misma soy una mujer gris. Hoy nada me satisface. Y ahora mismo lo único que siento es sueño y nada. 

miércoles, 22 de abril de 2015

Esfuerzo

Creo que el esfuerzo también se tiene que valorar. Pero, ¿a quién quiero engañar? El esfuerzo no le importa una mierda a nadie, lo único que interesa es el resultado. ¿El resultado es bueno? Entonces está bien; tanto si te ha costado un gran esfuerzo como si no ha supuesto ningún reto. ¿El resultado es mediocre o malo? Entonces a la picota, porque, aunque hayas hecho tu mayor esfuerzo y lo continúes haciendo día a día, no tiene ningún valor. 

viernes, 10 de abril de 2015

Suavidad

No me gusta planchar. Es una de las tareas domésticas que intento retrasar lo máximo posible y, cuando se trata de mis propias camisas, a veces ni siquiera lo hago. Me parece un poco perder el tiempo. Diez o veinte minutos para planchar algo que, a los cinco minutos de ponértelo, ya estará arrugado otra vez. Y además no es tarea fácil: encontrar el punto exacto para que la temperatura no estropee el tejido (especialmente cuando la etiqueta hace tiempo que se volvió ilegible); la forma de colocar la camisa sobre la tabla para poder hacer bien mangas, cuellos, puños y botones; y ya no hablemos de si la prenda tiene formas curvas, bordados o fruncidos.
Sin embargo debo reconocer que pocas sensaciones son tan agradables como la de ponerse una camisa recién planchada. Esa suavidad deslizándose por mis brazos, esa ligereza del tejido, ese resto de calidez que se conserva entre los hilos y que eriza un poco la piel.
Lástima que la ropa que va al armario perderá ese calor y se empezará a arrugar poco a poco, pesé a estar colgada en perchas, de modo que cuando vaya a ponérmela ya no sentiré esa sensación. 

lunes, 30 de marzo de 2015

Días especiales

A veces hay días que son tan tranquilos, tan maravillosos, tan mágicos, tan divertidos, que desearías que no terminarán nunca.
Días en que te tomas la mañana con calma, en que haces el vermut en una terraza de la plaza, en que estás en buena compañía charlando de cualquier cosa, en que no comes hasta las tres de la tarde y no tiene ninguna importancia. Días en que, tal vez, bebes un poco; te ríes de tonterías; hablas de gente que conoces y de gente que no, de cosas que conoces y de cosas que te gustaría conocer o hacer; en que, de repente, de algún sitio sale una guitarra, o alguien propone un juego, o alguien se aventura a cantar en un karaoke casero.
Y se hacen las ocho o las nueve de la tarde y ni siquiera te has dado cuenta. Y ni siquiera te importa. Porque está bien, porque es como debe ser. Y la gente poco a poco se va, y por un lado no quieres que lo hagan, pero por el otro tampoco tiene mucha importancia. Porque está bien, porque es como debe ser. Y te vas a dormir con una sonrisa, medio alegre medio triste porque el día ya se acaba. 
Me gustaría vivir más días como estos. Llenar mi casa de gente, de risas y de música. Por fin llega el buen tiempo y tengo una terraza que aprovechar. Espero vivir más días así, como el de ayer, muchos más. 

martes, 3 de febrero de 2015

El plato de sopa

¿Un plato de sopa puede desatar las furias del infierno? ¿Una comida aguada y ropa tendida por recoger son suficientes para soltarle a alguien los perros? ¿Por qué, si anoche todo estaba bien (más que bien), hoy todo se tuerce de este modo? Por un plato de sopa soso, aguado y sin trocitos de carne. Y por ropa tendida en la terraza que no he podido recoger (que, según tu, no me ha dado la gana recoger). Más surrealista todo no puede ser. 

viernes, 30 de enero de 2015

Sueños

Esta noche he sonado con sirenas. Y con un barco de vela que navegaba bajo el agua. Aunque en realidad no navegaba, pues no había viento y no podía avanzar. Y el agua lo rodeaba por los seis costados, arriba, abajo, izquierda, derecha, delante, detrás, pero no como el agua rodea normalmente los cuerpos, sino como si fuesen paredes de una habitación acuosa que lo encerraba. Y las sombras de las sirenas se veían a través del agua, como a contraluz, y nadie se atrevía a mirarlas, nadie se atrevía a moverse, temeroso de que lo atraparan. Y, aún así, de vez en cuado, había uno que saltaba a l agua y se quedaba allí, haciendo pie, como hechizado por una canción que sólo él podía escuchar, hasta que, desde el fondo, algo lo arrastraba.