Cansada, cabreada. Nadie responde. Nadie responde jamás. Hago las cosas siempre con la mejor de las intenciones. Pero la buena intención no basta, ¿verdad? No vale fallar. Y si me equivoco es porque no me he esforzado, no lo he intentado, no me he informado, no lo he buscado, no me he preocupado,...
No, la verdad quizás sea otra, quizás sea que me he cansado y ya está.
Al fin y al cabo, si nadie responde, quizás sea porque yo ya no quiero llamar más.
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