lunes, 30 de marzo de 2015

Días especiales

A veces hay días que son tan tranquilos, tan maravillosos, tan mágicos, tan divertidos, que desearías que no terminarán nunca.
Días en que te tomas la mañana con calma, en que haces el vermut en una terraza de la plaza, en que estás en buena compañía charlando de cualquier cosa, en que no comes hasta las tres de la tarde y no tiene ninguna importancia. Días en que, tal vez, bebes un poco; te ríes de tonterías; hablas de gente que conoces y de gente que no, de cosas que conoces y de cosas que te gustaría conocer o hacer; en que, de repente, de algún sitio sale una guitarra, o alguien propone un juego, o alguien se aventura a cantar en un karaoke casero.
Y se hacen las ocho o las nueve de la tarde y ni siquiera te has dado cuenta. Y ni siquiera te importa. Porque está bien, porque es como debe ser. Y la gente poco a poco se va, y por un lado no quieres que lo hagan, pero por el otro tampoco tiene mucha importancia. Porque está bien, porque es como debe ser. Y te vas a dormir con una sonrisa, medio alegre medio triste porque el día ya se acaba. 
Me gustaría vivir más días como estos. Llenar mi casa de gente, de risas y de música. Por fin llega el buen tiempo y tengo una terraza que aprovechar. Espero vivir más días así, como el de ayer, muchos más. 

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